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El capitán Beto se durmió… el “flaco” se fue

Hace 6 años

Por Martín Visuara

Los últimos cuarenta años de la cultura argentina, por citar una cifra, tuvo en Spinetta a un referente esencial al  referirse a la música y a una nueva manera de poesía intrincada a ese fervor que algunos denominaron en su momento “rock nacional”.

A los 62 años el “flaco” Spinetta se marchó, dejando canciones que confluyen en esa memoria personal y que coincide con esa otra memoria colectiva que conformó a varias generaciones a fuerza de talento.

Almendra, Pescado Rabioso, Invisible, Jade, Socios del Desierto son algunos de los nombres de los diversos grupos con los que dejó una marca en la historia. También y en esa selección que hacemos cada uno de nosotros, figuran canciones como “Ana no duerme”, “Muchacha”, “Bajan”, “La Cereza del Zar”, “Dulce 3 Nocturno”, “Durazno Sangrando”, “Las Golondrinas de Plaza de Mayo”, “El Anillo del Capitán Beto” entre tantas otras.

Sin duda, muchos habrán de agregar o quitar temas, algunos de una u otra época. Pero lo cierto es que  en todos quedará grabada la esencia de un músico brillante, de un poeta que varió las formas de hacer poesía y de hacerla popular a través de una música que modificó hasta la raíz lo hecho hasta ese momento.

Tal vez muchos lo recuerden con tristeza, quizás otros se conformen con el recuerdo, algunos en cambio sabrán que Spinetta, sigue estando ahí. Empuñando su guitarra y sus palabras para descubrirnos el milagro de un creador puro y profundo.

Tal vez sobrevuelen algunos recuerdos de este “flaco”, como cuando antes de comenzar los conciertos de Almendra, ellos, los músicos tocaban zambas del folklore argentino o cuando decidió no cantar en plena guerra de Las Malvinas en un concierto organizado por la dictadura.

Quedan las anécdotas propias de uno que se quedó congelado cuando escuchó el primer disco de Pescado Rabioso sonando en un equipo monoaural, aquellos viejos aparatos llamados winco o Wincofón. O cuando allá por el año ’72 el trío se presentó en el cine Metro, repleto y vislumbré la fuerza y la magia de Luis Alberto sobre un escenario haciendo “Serpiente”. Era mayo me parece y el frío de la noche a la salida del concierto no sirvió para apagar tanto fervor.

Después volvimos a reencontrarnos en diferentes apuestas suyas. Spinetta siempre siguió conmoviéndome profundamente. A veces a regañadientes y en otras ocasiones al primer choque con lo nuevo y último que nos daba , al resto de los mortales argentinos que todavía insistíamos en eso de seguir descubriendo cosas y maneras.

Hay en la obra de Luis Alberto Spinetta dos palabras que marcan el derrotero de su obra. Dos palabras que se repiten de manera insistente y plena. Que forman parte de esa visión del mundo que él manejaba y entregaba a cada paso. Dos palabras quizá que, incluso en solitario y para uno tienen hoy, mayor significado. Luz y mirada, que se repiten inexorablemente y que de alguna manera son los rastros de un hombre que modificó desde la palabra misma nuestra forma de entender lo que nos estaba ocurriendo con cada uno de sus discos, con cada una de esa lista infinita de canciones que nos acompañará el resto de nuestras vida.

El Capitán Beto se durmió, nada más. En nosotros está como queremos recordarlo y seguir a pesar de los tiempos con esta aventura de saber, que Luis Alberto Spinetta sigue estando con y en nosotros.

Tenía 62 años y era uno de los mejores de este barrio.

 

 

 

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