La revista donde las revistas son la noticia

Revistas para ver

Hace 3 meses

 

Por Juan Manuel Granja 

Una revista masculina, una publicación de caballeros, se suele decir, es una revista creada básicamente para mirar. Allí, entre página y piel, es la mirada masculina la que ordena o, mejor dicho, a la que se le permite ordenar el mundo y su disposición de formas. Y, claro, resultaría relativamente fácil criticarlas. De hecho, existen cientos de críticas ya hechas con sólidos argumentos feministas o, simplemente, a partir de razonamientos críticos. Sin embargo, tratar de comprender cómo funcionan estas revistas y por qué fueron importantes es también válido. La revista para hombres es todo un símbolo, una página seductora e irresistible.

Para comprender el boom de las revistas para hombres habría que retroceder a los años cincuenta. La etapa de posguerra significó una oportunidad para intentar recobrar la plenitud vital cegada por la Segunda Guerra Mundial. Después de una era gris y nefasta se abrió la puerta de los placeres o, más bien, la añoranza de los mismos. Las revistas empezaron a mostrar cuerpos de mujeres voluptuosas y sensuales. Con estrellas como Marilyn Monroe en la pantalla grande, el deseo de mirar mujeres alucinantes se hizo cotidiano. La década de 1950, no obstante, resulta conservadora si es que la comparamos con la de los años sesenta. Los años cincuenta, al menos en los Estados Unidos, implicaron un excesivo retorno a la cordura. La promesa del lujo y el desenfreno vino con el cambio de década.

La revista que dominó los años sesenta fue Playboy. No solo creó la idea de unir sofisticación y placer en una misma publicación, sino que además se preocupó por convertir a sus modelos en estrellas. Ya no era como en la década anterior, ahora las luchas civiles y el deseo de libertad hizo de la revista un símbolo y un canal para expresar esas inquietudes. En Playboy no solamente posaban las mujeres más hermosas, sino que también escribían los mejores escritores: Vladimir Nabokov, Norman Mailer, Jack Kerouac, John Updike, entre otros.

Se trató nada menos que de la década de la revolución sexual. La píldora ahora les permitía a las mujeres separar placer de maternidad y los movimientos sociales como el hippiesmo hacían tambalear las convenciones sociales. Si en los años cincuenta las revistas masculinas ingresaron al mainstream cultural, en los sesentas las revistas alcanzaron todo su esplendor y audacia. Los tabúes se cerraban y los lectores abrían sus revistas. De hecho, el erotismo de revista era mucho más sofisticado, trabajado y cautivador que el erotismo audiovisual de esa misma década. Aun si Playboy, por ejemplo y con el tiempo, expandió su imperio hacia la televisión y el video, siempre el valor predominante lo mantuvo la revista.

Los sesentas permitieron que el desnudo se convierta no solamente en un gancho comercial sino en toda una forma estética que, a su vez, abrió su aceptación en otros ámbitos como la moda y hasta la publicidad. Las revistas para ver también, muy a su modo, se convirtieron en revistas para pensar y, sobre todo, repensar. Pero claro, siempre se encargaron primero –y muy bien– de seducir.

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