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LA MAGA, periodismo a partir de la cultura

Hace 3 meses

La aventura editorial de La Maga, fue un hecho llamativo e interesante ocurrido a principios de los años ’90 en Buenos Aires. Ese año egresó la segunda camada de alumnos de una de las experiencias más increíbles ligadas al periodismo argentino. Surgida como una idea, o mejor dicho como un ensayo de TEA, Taller Escuela Agencia y llevada a cabo por tres profesores de la misma: Carlos Ares, Juan José Panno y Carlos Ferreira, y bajo el eslogan “Noticias de Cultura”  la revista logró ganarse inmediatamente la afección de sus lectores.

Por Martín Visuara 

Con un presupuesto casi inexistente el primer número  apareció en los kioscos durante el invierno del año ‘91, y este “experimento” se convirtió en una sólida apuesta cultural, que atrajo a unos pocos audaces que compraron solamente 3000 revistas, para en pocos meses pasar a 15 mil, con picos de hasta 20 mil haciendo de La Maga toda una sensación. Tanto fue así, que de su inicial frecuencia quincenal, en poco tiempo pasó a semanal, algo no muy frecuente en el mercado argentino.

En formato tabloide, en blanco y negro, su identificación fue la tapa. Un símbolo que indudablemente la definió como su marca de presentación, además de la personal manera de enfocar los hechos periodísticos de nuestra cultura.

La fidelidad, que conformó un gran público, se consiguió gracias a una variedad informativa que abarcó todas las áreas de las artes y espectáculos, con investigación, anticipos y opinión. Aunque tal vez lo que mayor interés despertó entre los lectores de La Maga fueron sus notas de tapa, notas que con frecuencia abandonaban el sendero del arte y se volcaban a conflictos sociales y políticos.

En poco tiempo, La Maga fue dejando lo meramente cultural, para adentrarse en la política de los años ’90. Hasta ese momento, la revista había sido una publicación en donde se daban cruces culturales, sin tabúes, ni miedos a nada. Sin exclusiones y por supuesto sin excluidos.

El éxito y el reconocimiento no tardaron en llegar. La revista a poco de convertirse en un referente dentro del ámbito cultural y político argentino, fue la primera en comenzar a criticar seriamente al gobierno de Carlos Menem.

Sorpresivamente las páginas de la revista se transformaron en un foro donde se habló de la homosexualidad, la Iglesia, la marginalidad, la despenalización de la droga, los medios de comunicación, la corrupción en todos los niveles. Aparecieron entonces las tapas de denuncias, que produjeron dos fenómenos paralelos: número a número se agotaban las ediciones y curiosamente, número a número fue desapareciendo la pauta publicitaria. Las empresas no querían figurar en este emprendimiento que se enfrentaba a un gobierno.

 

A pesar de ser, una revista respetada, con prestigio y buenas ventas, La Maga ingresó en una grave crisis financiera. De esta forma si las empresas no publicitaban en las páginas de La Maga por su actitud polémica y combativa, nadie podía esperar mejor suerte por el lado del gobierno. La llamada pauta oficial, desapareció de sus páginas, quedando solamente la publicidad de la Secretaría de Cultura de la Nación comandada en aquellos años por Pacho O’Donell.

Fueron cinco años de esfuerzos, en los que la revista logró ubicarse en un lugar de privilegio. Hecha a pulmón prácticamente, con mucho talento y entrega que fue creciendo periodísticamente paso a paso, al tiempo que se convirtió de hecho en una verdadera escuela profesional para los estudiantes que pasaron por su redacción a lo largo de la vida de la revista. En 1997 la Fundación Konex le entregó en el rubro Comunicación-Periodismo: una mención especial

El cierre ocurrió, entre las sombras. Un directivo de un club de fútbol, decidió comprar un medio y adquirió La Maga, que estuvo en el mercado solo unos meses hasta extinguirse. Años después los dueños originales, intentaron reabrirla con capitales españoles, pero el tiempo había pasado. El regreso de La Maga pasó inadvertido para su público y el proyecto sólo alcanzó seis números antes del final definitivo.

Sin embargo La Maga, supo dejar una huella en la historia del periodismo de la Argentina, que durante siete años, marcó una agenda cultural, sin exclusiones que también marcó los tiempos de toda una época.

Texto de cierre de LA MAGA por Carlos Ares (Texto del blog Señales

Alguna vez, en la primera vida de La Maga, sentí que esta revista no era más que un techito de papel, un diario doblado, un intento generalmente inútil para cubrirse de cierta melancolía finita que insiste en caer a veces sobre nuestras vidas en ciertas épocas. Me parecía que su lectura te dejaba como al amparo de un umbral, protegido por el talento y el hacer de gente querida que habla y dice, y denuncia, y protesta, y reclama. Y que, además, por su tamaño y por el gramaje de su papel, de pronto descubrías que también servía para eso. Para taparte cuando llovizna. 

Cuando asomó a su segunda vida, cinco meses atrás, preguntando si había alguien ahí, tuve la sensación de que en la penumbra tormentosa de las calles solitarias cientos de cabecitas de parejas salían desde los mismos umbrales. Romances de otra época, detenidos en el tiempo, amorosas personas que se leían en los ojos la alegría de mirarse nuevamente.
Fue dicho y escrito en aquel primer número que no importaba nada, sólo estar, solo verse, sólo reencontrarse. Y sucedió.
Hasta ahora, cuando La Maga se retira, suspende su salida y queda otra vez a la espera.
Una decisión y una responsabilidad que asumo como director sin excusas y con explicaciones claras: Acepté la tarea de organizar los medios de la Ciudad de Buenos Aires, sus emisoras de radio, su señal de televisión y sus portales en un Multimedios que pueda de algún modo servir mejor a los ciudadanos. Una tarea que va a demandar un gran esfuerzo de todos los involucrados y que, naturalmente, en mi caso, es incompatible con la dirección de un medio privado.
Como saben, La Maga no es una empresa común, ni pequeña ni mediana, es el resultado de la voluntad de muy pocas personas que contribuyen con su esfuerzo y con su bolsillo. Una baja, por la razón que sea, no es una ausencia más. El reemplazo es casi imposible. Las alternativas buscadas entre diciembre y enero no dieron resultado. Por otra parte, aún cuando desde La Maga se ha considerado como deliberada y ajena la “guerra” iniciada desde el poder y sus medios serviles contra otros sectores del periodismo profesional, La Maga ya había sido apuntada como blanco para ser atacado y hostigado.
Y mucho más lo hubiera sido si su director está a cargo además de los medios de la Ciudad. La función pública pone a prueba la ilusión de los que no tienen ninguna experiencia anterior, ni llegan desde una militancia política. Se corre, en ese sentido, un riesgo enorme porque las trayectorias, los años de trabajo, quedan a merced de los eternos siniestros del sistema que no quieren interferencias que puedan afectar sus privilegios, sus subsidios, sus prebendas, ni permiten cambios en lo que consideran propio desde hace años.
Pero no es eso lo peor, la maledicencia, el prejuicio, el insulto, todo lo que a veces transporta la cloaca en red, no es tan grave cuando uno sabe quién es, que hizo y que hará. A cierta edad, no atreverse, no comprometerse, no intentarlo, dejaría un regusto amargo y constante aún más penoso.
Así es que me llevo La Maga conmigo. Su estilo, su dignidad, su decencia. Y con ella, ustedes. Voy a tratar de reconstruir un espacio similar, el de mayor libertad posible. Nadie, ningún otro medio, ha podido superar a La Maga en eso. Los colaboradores, los entrevistados, los lectores, pueden dar fe de que ha sido así.
Y será, así. Porque La Maga no cierra, suspende su salida hasta que un relámpago, en medio de una tormenta feroz, alumbre su tercera vida.

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