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¿Qué fue primero, la mujer o el escándalo?

Hace 4 semanas

¿Qué fue primero, la mujer o el escándalo? La pregunta es obligatoria si empezamos a revisar el asunto desde las primeras páginas de la Biblia: de la costilla de Adán nace la mujer y, de ahí, la desobediencia, la perdición, la invención del castigo y la desnudez. Hagamos, sin embargo, un corte de algunos miles de años y preguntémosle a otra gran fábrica de mitos y de pecados, preguntémosle al cine. 

Por Juan Manuel Granja 

La obsesión de Hollywood por crear estrellas hizo del escándalo una parte fundamental de su brillo. Incontables éxitos del celuloide se han revestido de controversia, la vía del escándalo suele ser la privilegiada para lograrlo. Pero lo que en el pasado podía ser visto como escandaloso hoy ya no lo es tanto (o, por lo menos, así parece).

Recordemos a Marilyn Monroe a sus 29 años, recordemos su vestido blanco plisado levantado indiscretamente por las ráfagas subterráneas de aire caliente de un metro, recordemos sus piernas y el gesto para cubrirse. Es The Seven Year Itch (traducida como La tentación vive arriba o La comezón del séptimo año), película de Billy Wilder, maestro del Hollywood clásico que apostó por el carisma cómico de la rubia más deseada de la gran pantalla.

En la mayoría de películas, Marilyn había sido reducida a un cuerpo en exhibición. Aquí y en otro filme del mismo director, en Some Like It Hot , el cuerpo se cargó de comicidad y, sin embargo, la escena más famosa y escandalosa sigue siendo la del vestido revoloteante que se alza por encima de la cintura de la actriz. Aunque en versiones posteriores de la película se restituyó la escena, esta fue borrada por autoridades de la época -1955- que la juzgaron inapropiada para el público.

El estrellato obligó a Marilyn a mostrarse seductora y superficial pero tras el maquillaje y las luces se escondía una mujer sensible e inestable. La belleza californiana lo expresó en una de sus célebres citas: “En Hollywood te pagan mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma“.

El cine supone un medio privilegiado para captar la variación de las sensibilidades. No avancemos hasta la actualidad sino hasta 1996, a 41 años de la película mencionada. Se trata de Striptease, protagonizado por Demi Moore, toda la trama de este filme repudiado por los críticos se centra en la habilidad de la actriz para bailar mientras se quita la ropa.

Más que causar polémica, esta película aprovechó la desnudez parcial de Moore para impulsar los números en taquilla. A diferencia de la película de Monroe, si se quitaban las escenas “más fuertes” de Striptease simplemente no hubiera habido película. De esta forma vemos cómo la mirada para lo escandaloso se ha vuelto más tolerante. ¿O no es así?

Hasta la actualidad resulta más fácil que una película violenta y llena de asesinatos reciba una censura abierta a más público que una película con contenidos eróticos o con sugerencias carnales. Y, sin embargo, la farándula actual se encuentra recargada de asuntos que, por lo general, no se consideran aptos para todo público. No se trata tanto de la evolución del escándalo y su percepción social como la explotación de la privacidad, esa cosa de antaño que, a decir de muchos, parece ya no existir.

En fin, los escándalos actuales parecerían provenir de un mundo que se ha afilado para denigrar y vender “noticias” a costa de la privacidad de las celebridades. Bastaría comparar cualquiera de estos hechos controversiales con la polémica que causó a finales de los años 40′ el hecho de que Rita Hayworth se haya cortado su largo pelo rojo para actuar en La dama de Shanghai bajo la mirada de su esposo de entonces y director de la película, el genial Orson Welles. Y, sin embargo, sería muy cómodo -y de algún modo esperanzador- decir que todo tiempo pasado fue mejor o más inocente.

Hollywood no solo fue una fábrica de sueños sino también de excesos (y otras extravagancias). La imaginación popular declara a los años 70′ como la edad de oro de los excesos del cine estadounidense, la era anterior al SIDA cuando la cocaína como la reina de la fiesta. Sin embargo, los cronistas -F. Scott Fitzgerald, Kenneth Anger, entre otros- narran los excesos sexuales y el consumo de drogas en Hollywood desde sus inicios.  El síndrome del casting de sofá para actrices -con fotografías incluidas- era una tradición que venía desde las edades más tempranas del sistema de estudios hollywoodense.

El escándalo de las fotos atrevidas que el director Roman Polanski hizo en los 70’s de la entonces adolescente Natassja Kinski no puede compararse, sin embargo, a casos como el del actor de cine silente Roscoe Conkling Arbuckle, más conocido como Fatty Arbuckle. En 1921, la simpatía que rodeaba a este actor cómico en la pantalla se desvaneció cuando se lo culpó del asesinato de una joven estrella luego de una fiesta salvaje en un hotel de San Francisco. La cobertura sensacionalista y casi mórbida que hizo la prensa alrededor deja ver que el periodismo de farándula invasor de la vida privada no es un fenómeno nuevo.

El doble estándar rige mucho de este asunto. A veces los escándalos han sido producidos premeditadamente como vehículo publicitario para una película o una estrella. A veces los escándalos se orquestan para derrumbar a la competencia o para crear rivalidades que, en el fondo, son falsas y han sido estratégicamente prefabricadas para enganchar al público. En los años 90′ el foco del escándalo se centró un buen tiempo sobre Sharon Stone. Desde que la rubia protagonizó el thriller erótico Bajos Instintos, su carrera se disparó como pocas.

La fuerte carga sexual y la violencia de la película la convirtió en un nudo de controversias. El personaje bisexual encarnado por Stone fue motivo de protestas de asociaciones de lesbianas que veían en la representación del personaje una imagen negativa. Sin embargo, la polémica se debió a la famosísima escena en la cual Sharon Stone es interrogada por un agente policial y hace un cruce de piernas en el cual, presuntamente no llevaba nada puesto bajo del vestido. En el filme tampoco se utilizaron dobles para las escenas de sexo protagonizadas por Stone y Michael Douglas.

Luego de la película, Sharon se convirtió en un símbolo sexual y en una estrella universal. Finalmente, el escándalo fue su elevador de ascenso y no una piedra lanzada con el propósito de destruir su reputación. Hoy, sin embargo, una escena como la de Bajos Instintos no sorprendería a tantos y no impactaría tanto. La conectividad y la exposición constante a todo tipo de imágenes generan una percepción más habituada a imágenes fuertes. Si bien es cierto, como decíamos, que la sociedad que vivimos no es en sí más escandalosa que las precedentes, la verdad es que existe una mayor exposición a temas que antes se podían considerar muy polémicos como para el mainstream. Vivimos una contemporaneidad sumamente contradictoria pues por un lado existe una mayor laxitud y, por el otro, las prohibiciones y lo políticamente correcto se imponen como condiciones para la convivencia cotidiana.

El cine de Hollywood ya no se encuentra en una etapa controvertida y transgresora como la de los años 70′ con grandes películas como El PadrinoChinatown o Toro Salvaje. Hace mucho que el escándalo provocador dio paso al escándalo publicitario (aunque eso no indica que antes no haya existido). Lo que resultaba escandaloso en cuanto al desenvolvimiento de la mujer en la pantalla hoy ya no lo es tanto pero eso no quiere decir que la mujer sea más respetada o valorada que en el pasado. Tampoco quiere decir que en el pasado se la respetaba más pues si un “desliz” era más propenso a hacer escándalo se justificaba el ruido como una forma de proteger a la mujer. Siguen existiendo mujeres que en el cine o la publicidad no llegan a ser más que objetos decorativos y, aunque es evidente que hoy existen muchas más oportunidades para las mujeres, el predominio de la masculinidad sigue siendo apabullante.

Lo verdaderamente escandaloso es que eso no sea escandaloso.

 

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